domingo, 15 de enero de 2017

Sin trampa ni cartón: La ronda de los días


Sábado, 7 de enero
EN EL MONASTERIO

¿Me habría gustado vivir otra vida? Por supuesto. Desde hace tiempo colecciono vidas que habría preferido a la mía.
            Mientras visito el monasterio benedictino de San Nicoló l’Arena, añado otra a mi colección. Tras admirar las palaciegas escaleras, nos dirigimos al primer claustro. En el centro, un quiosco de malaquita (o eso me parece a mí), como en los poemas de Rubén Darío. “No cumplía ninguna función religiosa –me cuentan–. Fue mandado construir por el Abad para tomar café y chocolate caliente con los huéspedes ilustres, con los viajeros del grand tour que se acercaban a Catania”.
            Desde una ventana, contemplo la Piazza Dante y los edificios frente al monasterio. “También pertenecían a la comunidad. Ahí solían alojarse las amantes de los frailes. Entonces ese hecho escandalizaba menos de lo que escandalizaría ahora. Los frailes, casi todos hijos de familias nobles, rara vez lo eran por vocación. Para evitar repartir la herencia, los segundones no tenían otro camino que la carrera militar o la religiosa”.
            Yo también habría escogido la vida religiosa en un monasterio como este. Visito el otro claustro, con una inmensa fuente de mármol. “Para traer agua a esta fuente, solo para eso, se construyó un acueducto”.
            Los largos pasillos, las celdas de los monjes comunes, con su amplio espacio y sus altos techos, el fastuoso refectorio, la gran cocina, la biblioteca, el misterioso jardín de los novicios sobre el banco de lava… Y los frailes que ocuparon este inmenso espacio (que hoy alberga a cientos y cientos de alumnos y profesores) nunca al parecer superaron en mucho la treintena (los servidores eran más, pero dormían fuera).
            Sí, yo habría sido feliz en este monasterio. No habría necesitado para ello –aunque me habría gustado– desempeñar el cargo de abad. Los ritos religiosos, reunirse para rezar no sé cuántas veces al día, tampoco me habrían importado demasiado. A fin de cuentas, nada me gusta más que la repetición, que los hábitos rigurosamente respetados que pautan el día.
            No me habría aburrido en este laberinto, no. Está construido sobre una suntuosa villa romana, fue destruido por un terremoto, estuvo a punto de ser arrasado por la lava del volcán (se dispuso un foso de arena para detener aquel lento río, y ahí sigue, como una reliquia más), guarda en sus entrañas secretas galerías abovedadas que sirvieron de refugio en tiempo de guerra y ahora ocupa la biblioteca.
            Colecciono vidas que me habría gustado vivir. Ya anciano, muy anciano, con dificultades para subir y bajar escaleras, asistiría a misa tras una alta celosía, muy cerca del majestuoso órgano.
            Cuando me asomo ahora, están preparando la iglesia –inmensa, mayor que la catedral: tenía que quedar claro que el abad mandaba más que el obispo– para no sé qué espectáculo. Trato de descubrir desde aquí la gran meridiana, el inmenso reloj de sol de más de cuarenta metros de largo que fue construido en 1841 por un científico alemán y otro danés contratados por los Borbones para estudiar la geología del Etna. Mármol negro y mármol blanco de Carrara. A veintitrés metros de altura está el óculo por el que penetra el rayo de sol que va marcando las horas.
            Sí, yo habría sido feliz –aunque no fuera abad, aunque no tuviera una amante albergada en el edificio de enfrente– como fraile benedictino en San Nicoló l’Arena. Pasaría mis horas en la biblioteca, paseando por el jardín, estudiando las estrellas.
            Claro que, bien mirado, también podría haber sido fraile en un monasterio más cercano, en Oviedo, como mi admirado Feijoo. Y quizá lo sea.


Domingo, 8 de enero
HAGO RECUENTO DE MI VIDA

Por una retorcida y estrecha escalera, subo hasta la cúpula de Santa Ágata. Es una espléndida mañana de domingo y toda la ciudad parece desperezarse gozosa en torno mío.
            Enfrente, a contraluz, casi al alcance de la mano tengo la catedral y detrás de ella las aguas azul oscuro del puerto, con la silueta de algún barco que parece posada sobre los tejados. Luego, abajo, la Piazza del Duomo, con la fuente del elefante y los ociosos que se sientan en torno a ella a ver pasar las horas (coinciden caras arrugadas de campesinos, que parecen sacados de la Sicilia profunda, con rostros desvalidos de inmigrantes).
            Sigo mi ronda circular: la via Vittorio Emanuele y las torres de San Francisco; la plaza de la Universidad (al fondo, sobresaliente, la cúpula de San Nicoló); la larga vía Etnea, tan fatigada por mí, y la mole del Etna, deslumbrante con su manto de nieve, protectora y amenazadora; el teatro Bellini (sonrío al recordar la aparatosa estatua del compositor en la plaza Stesicoro); el otro tramo de la vía Vittorio Emanuele, el que va hacia el mar, que brilla de nuevo sobre los tejados…
            Tras hacer la ronda solitaria y acariciar con su nombre todos los lugares que voy reconociendo, me siento un rato a hacer otra ronda, la de mi vida. A veces pienso que no he fracasado en nada, salvo en lo fundamental, y otras que he cometido error tras error, pero que finalmente no me he equivocado en lo que importaba.
            ¿Amor? No me gustan las  preguntas sobre mi vida privada; prefiero hablar, incluso conmigo mismo, de otra cosa. Recuerdo lo que respondió Fidel Castro a una pregunta semejante: “Amé y me amaron; eso es todo lo que puede decir un caballero”. De que amé yo estoy seguro; de que me amaran, al menos como yo quería que me amaran y quien yo quería que me amara, tengo mis dudas… Cualquiera las tendría, viendo que vivo solo, como casi siempre he vivido. Pero la verdad es que la vida de pareja –más allá de unos cuantos fines de semana– nunca me pareció apetecible. Como los señoritos (qué palabra tan fea) o los libertinos (qué palabra tan sugerente) de las comedias de Jardiel Poncela, mi vida ideal sería un amplio apartamento en el centro (en el centro de cualquier ciudad: lo mismo me da Roma que París o Nueva York), una asistenta invisible y un eficaz mayordomo. Y luego, pero no todos los días, aventurillas de una noche. No lo he conseguido, por supuesto, pero me he aproximado todo lo posible dados mis limitados medios de fortuna. El matrimonio es para la clase de tropa, como dijo un santo varón de cuyo nombre me acuerdo perfectamente.
            ¿Éxito profesional? Ninguno. Pienso en la gente de mi edad: Darío Villanueva, Luis Alberto de Cuenca, Javier Marías, Pérez-Reverte… Eso es éxito, cada uno en su ámbito, y lo demás son cuentos. Pero como soy de buen conformar la verdad es que no tengo ninguna queja. Me gano la vida, desde hace cuarenta y cinco años, con un trabajo que cada vez me parece menos trabajo (cuando me jubilen, en el 2020, será como si me quitaran un entretenimiento) y dedico lo mejor de mi tiempo, también desde hace al menos cuarenta y cinco años, en que apareció mi primer libro, a la literatura, no como profesión, sino como un laborioso placer que nunca cansa.
            Publico libros todos los años, colaboro en la prensa todas las semanas (algunos veranos todos los días) y no cambiaría ese privilegio ni por la dirección de la Academia ni por el premio Nobel.
            ¿Dinero? Ni mucho ni poco, el que he necesitado (soy de pocas necesidades).
            ¿Eres un hombre feliz entonces?, me pregunto.
            Esta mañana, sentado al sol en lo alto de la Badia di Sant’Agata, sí. Pero pronto se hace de noche y hace frío, dentro y fuera, y todos los fantasmas se ponen a bailar sobre mi cabeza. A fin de cuentas, como dijo Oscar Wilde (o como dije yo, no sé bien), la felicidad es un estado pasajero que no presagia nada bueno.


Lunes, 9 de enero
MUSEO DE LA LOCURA

No puedo olvidar la exposición “Museo della follia”, en el Castello Ursino: los obsesivos autorretratos de Antonio Ligabue y el quebradizo expresionismo de Pietro Ghizzardi entremezclados con los restos arqueológicos, con la solidez de Hércules, los bustos de Alejandro y Meleagro, de diosas y de mujeres anónimas.
            La locura, ese otro nombre del infierno. Antonio Ligabue malvivió en la calle, pasó largos años en sanatorios psiquiátricos (entonces llamados, más expresivamente, manicomios). Le salvó la pintura. ¿Le salvó o simplemente le ayudó a sobrevivir? Vivió  los mismos años que yo tengo ahora.
            Respiro hondo al salir de las tinieblas a la luminosidad de las calles. Artistas contemporáneos complementan la exposición con obras en las que expresan su visión de la locura o mejor de las torturas a las que hemos sometido a ciertos seres humanos con tal pretexto.
            Yo sigo teniendo ese terror ancestral a lo que no entendemos, a lo que no controlamos. Miedo a los demonios que están dentro de los demás, pero sobre todo a los que están dentro de mí mismo.
            Y no hay demonios: solo disfunciones en la compleja maquinaria que llamamos cerebro. Disfunciones, desarreglos, que a veces solo lo parecen, que solo son distintas maneras de funcionar.
            Pero yo, como todo el mundo, qué bien me las arreglo para ir dejando de lado al conocido o al amigo con problemas. Allá él o ella en sus arenas movedizas. Poco a poco retiro mi mano para que no me arrastre consigo.
            Vuelvo a la Piazza del Duomo y doy vueltas y vueltas, como un ocioso más, en torno a la fuente del elefante.
            Soy un superviviente, me digo. Y para ser un superviviente hay que tener pocos escrúpulos. Cruzamos el río de la vida caminado por encima de los más débiles. Dejamos que el temporal los arrastre para que no nos arrastre con ellos.


Martes, 10 de enero
ELOGIO DE LOS CENTROS COMERCIALES

Qué triste el centro cultural Le Ciminière, las chimeneas, que trata de recuperar las viejas instalaciones industriales dedicadas a la refinería del azufre, situadas al lado de la estación central. Lo visito en la mañana sin nadie. Oscuras salas donde se exponen mapas antiguos de Sicilia, borrosas fotografías del desembarco de 1943, viejos aparatos de radio… Al fondo, tras las vías, el azul del mar y un antiguo fortín defensivo.
            Mejor un centro comercial que un centro cultural. A las cinco, ya es plenamente de noche en esta ciudad. ¿Qué hacer? Las pocas mesas ínteriores de las cafeterías siempre están llenas, la gente toma algo de pie en la barra o no le importa morirse de frío en la terraza, los cines son de una o dos salas y hay que ir buscándolos por calles oscuras. Yo me refugio todo el tiempo que puedo, hasta que llega la hora de la cena, en la Feltrinelli. Cada tarde compro un libro y me leo otro allí mismo, en la librería.
            ¡Ah, cómo echo de menos Las Salesas, Los  Prados, la cafetería del Ikea! Sin ellos qué inhóspita esta ciudad, cualquier ciudad, en las horas melancólicas en que sigue siendo de día, pero ya es de noche. Y no solo para el hombre solo.




44 comentarios:

  1. Tampoco hubiera sido mala vida haberte quedado en una villa de las afueras de Cáparra:

    Gayo, amigo, tu triclinio alzado maltrata mis caderas.
    Echo de menos la esclava vaccea que tenías hacia marzo, y ahora solo veo a un lusitano fornido que ceba pebeteros y que me voltea con tirones de auriga de la túnica, si me quejo de que me estoy entumeciendo. Harías bien, amigo, si compraras una esclava madura de Bitinia, de manos avezadas a tratar a un comensal que come poco.
    Noto sombras en el patio peristilo que da al sur; sombras que no había la semana pasada a estas horas. Y esa fastidiosa melopea de tus viejos amigos ebrios...
    El can de la puerta me ladra siempre, pese a lo asiduo que voy siendo. Veía hace dos meses una onza enjaulada que mercaba un africano en Calagurris: haría mejor cerbero que esa bestia que guarda ahora tu casa.
    He notado cómo en el caldario se desmigajan los rollos de Suetonio. Por contra, parecen intactos los procaces pergaminos de Metelo. Mucho se ha perdido desde que vine la primera vez... Ya nada queda de Livio, acaso algo de Marcial.
    Harías bien en podar la parra y en mandar que apilen la leña de forma más estable.
    El columbario rezuma cagarrutas y me martillea en las sienes el batir del hierro de tu herrero.
    Me hago viejo, Gayo. Pero tu domus se está desmoronando.

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    1. Buen texto, Amate, me gustó. Con una salvedad.

      Entendí cada palabra. Pero tanto arcaísmo aliterado al ambientar, resulta un tanto árido y satura algo al leerlo, aunque así suene más clásico.

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    2. Wel, Bonifacio, me alegro de que le haya gustado el textito paródico de la domus que se cae. Pero su “salvedad” da para una dosis doctoral si tratara yo de contrastarla con mi criterio. Lo que pasa es que cosas tan primarias difícilmente iban a satisfacer a un tribunal que se preciara.
      Para empezar no existe en este trabajillo aliteracion alguna (al menos de intención)..., y eso que presumo de ser diestro en esa finta retórica si viniera al caso: pero no venía y no hay aliteración que valga ni Dios que la fundó. Y de haber alguna, no me iban a servir para ambientar la domus cacereña, que para eso ya coloco a un fornido gallego que alimenta los botafumeiros.
      El lenguaje estimo que es el adecuado para remedar alguno de aquellos textos latinos del colegio, que tanto me aburrian por entonces pero que tanto placer me da ahora descifrar. Y no hay “arcaísmos”, sino descripción de un mundo antiguo, perdido, con palabras sentenciosas y campanudas, como cuadra a un relatillo del género, pero en castellano de curso legal. Arcaísmo sería que yo le dijera: “Vuesa merced yerra, don Bonifacio”.
      Cuando servidor va de jira por Lavapiés y entra en una taberna a tomar un tinto, no le dice al hostelero que le sirva un hidromiel en crátera de Samos... Pero, si lo hiciese, tampoco estaría diciendo arcaísmos sino cometiendo un anacronismo fáctico. Pero dicha la impertinencia en castellano fetén de ahora mismo. Las cosas claras, Bonifacio, tronco.
      Me enternece un poco su ingenua expresión de “entendí cada palabra”, como si se hubiese enfrentado con algo cabalístico o siquiera gongorino. Pero..., ¿árido este decir -algo afectado, lo admito, pero de eso mismo se trataba- con palabras que debiera conocer cualquier bachiller de hoy (¿o seré yo el incauto?) y que sea capaz de saturar una mente medianamente conformada? ¡Coño, las cosas están peor de lo que pensaba, don Boni!
      Lo que pasa es que, con toda probabilidad, Bonifacio no conoce qué es Cáparra (aunque no ignoro que estamos en la Era de la Wiki y es aventurado lo que digo). Pero Martín sí que sabe (le cae a tiro de catapulta de su casa aldeanovense). Y, al saberlo, se dará por enterado de con qué intención está escrito el panfletillo de marras. Otra cosa es que merezca la pena.
      Corolario: que Bonifacio -que no es un piernas- estime que el textículo de marras es árido y saturador (?) y que tenga casi por una proeza de la que alardear el haber entendido “todas las palabras” (lo que no es lo mismo que haber entendido lo que se cuenta), es una muestra de por qué mister Trapp vende tan bien su Quijote para vagos.
      Un abrazo, Bonifacio.

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    3. Para Amate.

      “Textito” y simple “obrita” paródica. Pero saca usted las garras, qué curioso.

      Cuánta parrafada por un orgullo herido. Mis sinceras disculpas si le molestó mi opinión, sólo fue eso.

      Lo de “entendí cada palabra” no lo dije como logro sino justo al revés, para dejar claro que el texto no lo veo opaco y mi objeción no va por ahí. Por si las dudas, porque el lenguaje usado no es convencional tampoco, sino más bien “afectado” como usted lo llama.

      Descuide, no volveré a comentar nada que usted escriba. Dejaré eso para otros no tan “inocentemente tiernos” como yo. Pero también más mordaces cuando algo no les gusta, así funciona la crítica (y usted también, al parecer)

      El “Quijote de Trapiello” es para apoyar a quienes no tienen tanto rodaje lector (sobre todo clásico). Pero sí interés y ganas, aunque no lo crea. Ningún “vago” se plantea siquiera leer más de mil páginas, aunque sea en “castellano fetén”, eso es evidente. Y para adornar la estantería se buscan ediciones de siempre, con bonito lomo con dorados. Quien compre la de Trapiello lo hará para leerla (o intentarlo, al menos)

      No todos son tan eruditos ni tienen “bachiller”, además. Ni el Quijote es tan sencillo como parece a simple vista. De hecho, engaña mucho, como su traductor al “castellano de curso legal” (él también tiene derecho a usarlo), afirma bien.

      Lástima que en este cainita país de sacristía no se tolere a quien destaca. Ni siquiera cuando consagra años a abrir caminos para otros. Con mejor o peor criterio, eso lo dirá el tiempo. Y las posteriores ediciones (y revisiones), más que las ventas inmediatas.

      Así nos luce el pelo en I+D y en casi todo lo demás.

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    4. Amate (o el chico del diecisiete).17 de enero de 2017, 21:46

      No todo está perdido en este país, buen Bonifacio; no todo es cainita y navajero: usted es un ejemplo de lo contrario, pues me tolera con tanto como destaco.

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    5. Amate (facilito pa don Boni)17 de enero de 2017, 22:00

      Unos dientes se clavan en el corvejón del joven ñu. Bracea y patalea con el cuarto trasero libre. Y nada. La placa acorazada del hocico sáurico aguanta cada coz del remo libre.
      Un dejarse llevar a favor de la corriente y el joven ñu que boquea un poco y desaparece en el agua terrosa del río Mara.
      Los del rover aplauden y Baboko sirve un té.
      En la otra orilla, otro joven ñu rezagado se lo está pensando. Setecientos vadean ahora el río.
      Reverendo Morrison escancia bourbon de la petaca mientras acaricia la rodilla de Celline.
      Parece que por fin el joven ñu se ha decidido: vuelve la grupa y se va hacia los carrascales de Pabuku.
      A dos millas barrita un elefante.

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    6. Hecha la broma impertinente, manifiesto a Bonifacio mi estima y mejor rollo.
      Amigos, Boni.

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    7. Para don Bonifacio:
      Yo tampoco comprendo la crítica al "Quijote de Trapiello". Sobre todo que la hagan quienes solo lo han leído en parte y lo han entendido en menor parte aún. De los que lo han leído en su totalidad sería interesantisimo escuchar su interpretación de vocablos y pasajes de traducción complicada. Interesante y divertido, digo, porque hasta lexicólogos de primera línea no se han puesto totalmente de acuerdo sobre ciertos significados que en algunos momentos desvirtúan la comprensión del texto.
      Pero, en fin, por lo que se ve, la intención de Trapiello de acercar la lectura a perezosos, ignorantes y esporádicos pululantes de la cultura (me incluyo), no ha recibido el apoyo y aceptación que tan sacrificada tarea merece. Tal vez sus gravísimos pecados políticos merezcan la penitencia, en un país donde de un catecismo hemos pasado a otro ante el miedo de recibir un coscorrón.

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    8. Una precisión, Blas Paredes. Yo leí íntegro el Quijote en español actual y le dediqué una reseña. (Puedes buscarla en Crisis de papel). Fue la única que le puso algún reparo. Todas las demás (y todos los demás comentarios) fueron elogiosos. No me refiero a los comentarios anónimos en los blogs, que no pintan nada, sino a las aparecidas en los suplementos y en los diarios importantes. El libro se ha vendido muy bien. Ha tenido apoyo y aceptación. Y los que le critican (sin leerlo) lo que critican es la posibilidad de "traducirlo", tan legítima como hacer una película. Lo que yo censuraba son errores graves en la concepción: cuando Cervantes escribe en "fabla" (castellano antiguo en su tiempo), Trapiello lo pone en español actual, como el resto del texto; cuando Cervantes escribe "dásmelo" (que se entiende perfectamente), Trapiello traduce "me lo das". En fín, más datos en mi reseña. Pero a la gente anónima que escribe en los blogs le gusta ponerse en contra o a favor de un libro sin tomarse la molestia de leerlo.

      JLGM

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    9. Este gente anónima que escribe en los blogs, Martín, sostiene que, entre otras maldades, el quijote de Trapiello arrasa, pasa la apisonadora sobre los dos tipos de castellano que maneja Cervantes en la obra: el del tiempo del autor y el que, en boca de Quijano, ya era arcaico por aquellos tiempos, con lo que se pierde un matiz importante para comprender lo que se quería significar con tal anacronismo.
      Ante esos pasajes de complicada traducción que cita Blas Paredes y en la que aun los expertos no se han puesto de acuerdo (Trapiello será uno de ellos), nada mejor que dejarlos tal como fueron escritos, so pena de incurrir en una interpretación ajena a la intención de Cervantes, cosa que bien pudiera haber hecho el leonés..
      Ante una obra señera como esta no debiera el lector acudir con la misma actitud que cuando lee a los -respetables sin duda alguna- Falcones, Follet o Pérez-Reverte, sino con la reverencia de estar ante una de las obras cumbres de la literatura universal, que bien merecería pausa y reflexión al degustarla.
      Parte del rechazo que me produce la "traducción" de Trapiello (hablo ahora desde la subjetividad no sé si compartida) proviene de que me parece lamentable que a estos eventuales lectores haya que dárselo todo "mascado", actitud que en mi quisquillosa manera de entender asocio con la vagancia, flojera y desdén de tanta gente de hoy hacia lo bien hecho, si para acceder a ese bien hubiese de hacer algún esfuerzo intelectual.
      Porque repito (por enésima): las diferencias del texto original y el castellano actual no justifican el esfuerzo de A.T. Esfuerzo que, por ser espléndidamente retribuido, creo entender de sus porqués, sin necesidad de lucubraciones mayores.
      Rechazar la ocasión de conocer cómo se habla en el Siglo de Oro, es soberano despilfarro de una ocasión pintiparada: cosa de vagos.
      Creo que Martín se reblandece un poco en este último comentario suyo al respecto, quizá con la prudente intención de no enconar el asunto.





























































































































































































































































































































































































































































































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    10. Excluyo a Martin de este comentario, aunque él haya respondido a lo que yo le comenté a don Bonifacio, "replicante", a su vez, a la opinión de otro contertulio. Y lo excluyo porque le atribuyo criterio pleno para emitir juicios, a su mejor manera de entender las cosas, sobre la agotadora tarea de Trapiello.

      La gente, incluso la ilustrada, reacciona con prejuicios ante la obra literaria dejándose afectar por la ideología política del autor. Trapiello no figura, precisamente, en el listado de los políticamente correctos. Si su actualización del Quijote la hubiera hecho otro escritor (y no quiero citar nombres "benditos") la acogida hubiera sido unánimemente positiva. Yo diría que en Madrid, al menos, Andrés no goza de demasiadas simpatías entre sus colegas, inquina que proviene de los tiempos alejados de "Las armas y las letras", espléndido ensayo que buscó y consiguió, mayoritariamente, la objetividad. Y, claro, las aspas del maniqueísmo no se lo perdonaron.
      Tuve el acierto de asistir en la Residencia de Estudiantes a la presentación de su Quijote, flanqueado Andrés por J. Gracia y J. C. Mainer. En aquella sesión se explicó de forma muy convincente la oportunidad y conveniencia del proyecto. Los que, en cambio, lo han considerado innecesario, deberían explicar, por poner un ejemplo, qué entienden sus lúcidas mentes por "lanza en astillero", párrafo con que se abre la obra. Y si son capaces de reconocer su interpretación completamente equivocada de este simple pasaje, tendrían que reconocer también los cientos de palabras y modismos que entendieron a volapluma, de cualquier manera. Si alguien quiere entrar en el debate le demostraré su desconocimiento con tres o cuatro ejemplitos.
      Siguiendo con "la lanza", contó AT, narrando sus numerosas duermevelas, que ni con el profesor Rico ni con otros prestigiosos lexicólogos llegó a un acuerdo plenamente satisfactorio para dar el sentido exacto al "astillero", aunque, eso sí, la asociación inmediata a astil la rechazaron en conjunto, asociación a la que muchísimos lectores, entre los que me encuentro, recurrieron con tremenda superficialidad y escasa modestia.

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    11. Lo del enigma de "lanza en astillero": razón de más para no meter la pezuña y dejarlo tal cual. Y así una serie indefinida de "traducciones" probablemente aleatorias. Pero aunque no lo fueran, aunque la "traducción" lograra transmitir la idea que tuvo en mente Cervantes, el mero hecho de verterla en palabras distintas ya supone una desgraciada adulteración del género. Importa mucho el "cómo" amigo Blas Paredes. Y no es lo mismo expresarse en la gloriosa lengua del Siglo de Oro que en la actual: son cosas diferentes en lo formal. Y lo formal importa horrores. Y si no es capaz de aceptar esto tan sencillo es que no anda fino en asuntos de la estética.

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    12. No sé si falló al enviarlo o se traspapeló, pero repito algo que puse para Amate.

      Lo de la “no tolerancia a quien destaca” no iba por usted. Pienso que su intención propia no va más allá de criticar eso del “libro de vagos” en sí mismo. Lo cual me parece una simplificación injusta por su parte en todo caso. No obstante, lamento la ambigüedad.

      La estima es mutua, por cierto. Concordia parvae res crescunt, discordia maximae dilabuntur. Seguro que traducirá usted bien “cada palabra” del latinajo (permítame esa broma)

      Una puntualización. Simplemente el Quijote “de siempre” (que tampoco es un facsímil) como el de Riquer, es “mejor” sin duda, por la “musicalidad” del castellano antiguo entre otras cosas. Pero lo que suele olvidarse en muchos temas (literarios o no) es que no sólo lo mejor es bueno. Negar eso es sacralizar las cosas, por valiosísimas que sean (esta sí lo es).

      Un ciclista avezado no se subiría a una bicicleta con ruedines, pero no deja de ser una bicicleta. Y cuando llevas rodando mucho rato (y el Quijote es largo) no se nota tanto.

      Bien mirado, las notas al pie de siempre, también son como ruedines. Y a lo que tiene tanta calidad como para haber sobrevivido siglos, a veces viene bien añadirle algún aditamento moderno que ayude a su funcionalidad un poco, como le pasa a ciertas máquinas y al propio idioma, por cierto. Elegirlo bien es lo difícil, pero tampoco es un sacrilegio si se hace con conocimiento y respeto.

      Para la palabra inglesa “software” que usamos ya con naturalidad, hay un equivalente obvio en purísimo castellano: "programación", que yo prefiero. Para la palabra “hardware”, sólo vale decir algo como: “componentes físicos del ordenador”, que es más engorroso y nadie usa. De modo que al final muchos acaban por decir “software” también, por inercia, aunque exista una alternativa "pura".

      Pero la palabra “programación” ahí sigue, para quien quiera usarla.

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    13. Señor F: Terminé dos carreras relacionadas directamente con la estética, cursé cinco años en el conservatorio y fui profesor durante tres años de "Estética y Composición". Naturalmente, este currículum no es razón suficiente para considerarme juez, pero tan "desafinada" es improbable que esté mi sensibilidad artística.
      No quiero continuar la polémica porque la espléndida entrada del sr. Martin busca otro rumbo y lo estamos (sobre todo yo, desviando), pero, estéticamente, me ha sorprendido y gustado saber que "argado sobre argado" significa "Llueve sobre mojado", y "picáredes más de saber" "Si os hubierais jactado". Usted, o bien sabía esto y mucho más y apenas tuvo que consultar las casi cinco mil anotaciones a pie de página que recoge Francisco Rico en su prestigiosa versión, o le resultó indiferente leer a salto de mata, entre dudas y morcillas. Si le parece, dejamos que los eruditos lean la versión que les corresponde y a los que somos chusma poder avanzar sin atascos.

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    14. Pues, estimado don Blas Paredes, lo que es tener lógicas diversas: donde usted ve un escollo yo veo una veta, donde usted un maledetto imbroglio yo un acertijo estimulante.
      Porque dígame usted si no se pierden los galbánicos (por la galbana) lectores del Quijote de Trapiello una hermosa ocasión de saber que en el Siglo de Oro se decía ese vocablo de argado (que hoy sigue impertérrito en el diccionario de la RAE..., el pobre), además de ignorar una frase hecha, refrán, metáfora o como queramos llamarlo, tal como entonces se decía. ¿O no valdrá nada ese conocimiento, amigo don Blas Paredes?
      Que haya que leer las cinco mil no es más arduo que meterse entre pecho y espalda un ensayo sobre modismos y giros del castellano fuera de circulación: que le conste que existen eruditos -y hasta lectores del común- que se ocupan con entusiasmo de ello, cosa mucho más entendible que el furor de algunos filatélicos. Reitero que es un asunto de vagancia, de galbana, de flojera del carácter..., quizá de incultura (no se me sobrecoja, por favor). Lo gracioso es que habrá quien haga estos mohines y repeluses y sea de los que se pasan dos horas de cada domingo descifrando un "damero maldito" (Conchita Montes in memoriam).
      Que no, don Blas, que no nos vamos a entender, que tenemos dos calibres distintos para ajustar ciertas piezas de lo estético.
      A su alta calificación de esteta por diploma de parte de alto funcionario del Reino (cosa que es coherente con sus maneras y su elegancia verbal, sea dicho), solo aclararle -sin ninguna modestia- que servidor es...artista.
      Un saludo fraternal y considerado, don Blas Paredes.

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    15. Si todas las réplicas fueran como la suya, y lo digo completamente en serio, sería una delicia transitar por los blogs debatiendo. Pero en general se incurre en la petulancia, se convierte al interlocutor en un rival a batir y se planifican párrafos finales estantes. Es como si demostrar abiertamente acuerdos fuera síntoma de sumisión. No le llaman a esa reacción complejo de inferioridad?
      Me gusta leer calibrando la calidad prosistica, y usted es de los que la prodigan. Muchas gracias.

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    16. Quise decir párrafos finales epatantes

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  2. ¿No hubo café? (Me han gustado especialmente los textos de hoy; no sé, muy sentidos y nobles). Un saludo.

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  3. Bonita crónica la de la abadía. Me recordó al Nombre de la Rosa, de Eco, pero sin monjes “de disfuncional cerebro” (bueno, habría que explorar bien esas galerías ocultas...)

    Me encanta que hayas incidido más en emociones, sin dejar por ello de describir lo externo. La mezcla de los dos niveles crea un bello claroscuro, como el del monasterio y el del alma humana misma.

    Quien sujeta una mano para soltarla luego, no es amigo. Los amigos no abandonan.

    Lo que pasa es que la debilidad se suelta sola, a veces, cuando ya no logra aferrarse a la vida. Y en ese caso, nada puede hacerse. Eso es verdad.

    Hay quien se eterniza en claudicar (conozco alguno) porque su pánico a la vida y a la muerte, son parejos. Y si le dejas, te agarra el pie a los gritos, más que la mano. Confundiendo eso con la rebeldía.

    Otros parecieran inmortales en su callada sencillez. Y se van desvaneciendo en el olvido poco a poco. Absorbidos por su barroco entorno, lo mismo que esos monjes.

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  4. He leído, circunstancialmente, al pasar - no entro por aquí con frecuencia alguna, sólo por error encontré el espacio,- y me deleité con el texto de Amate. Señor Bonifacio, con todo respeto a su opinión, cada uno escribe con el talento, creatividad y conocimiento que tenga en las cosas de esta vida y si hay algo que uno lee y no entiende porque no conoce, es la oportunidad para las herramientas de que uno dispone hoy de averiguar qué significa tal o cual palabra. ¿Le hubiesen dicho lo mismo a Quevedo o a los barrocos?. Para eso están estos espacios, para que uno se explaye y no se achique porque algo no conoce o no entiende y es la oportunidad de crecer y de aprender algo más.
    Felicito desde la humildad a Amate por el bello texto que ha subido. Me gustaría conocer algo más de este talento y de su imaginación. Hay que ser humilde y reconocer que si uno no llega a la altura del otro, lo que debe hacer es intentar subir y no bajar.
    Laura

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    1. A ver Laura, si es que usted es usted, como diría Groucho Marx (que no sé yo…)

      Vaya manera de respetar mi opinión ¿eh?

      Yo no soy tan humilde como dice ser usted. Pero yo sí tengo claro que nadie está por encima de nadie.

      Por eso mismo, no pongo a nadie debajo subrepticiamente, con la irónica excusa de la falta de humildad ajena. Tan sutilmente condescendiente usted ¿eh?

      Y sobre todo, tan sensible.

      Es usted tan sensible, que al leerla lloré como una magdalena y tuve que salir corriendo a adoptar un gato.

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    2. Lamento, don Bonifacio, que haya llorado pero llorar dicen que limpia, especialmente la soberbia. Le diré, como de sutil no tengo nada, que se supone que el ser humano es libre, libre para pensar y opinar y debe ser una caracteristica de persona democrática, pero usted no admite critica ni opinión en contra. Cuando leí su "corrección literaria" recordé eso de "maestro Siruela". ¿ Y usted se pregunta la manera de respetar su opinión? Su respuesta no es nada más ni nada menos que un reflejo de eso.
      Laura

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    3. Curioso que me dispare el ñoño refranillo del maestro justo usted, tan pertinaz en dar lecciones morales sin conocerme en lo más mínimo y sin que nadie se las pida (cosa frecuente aquí). Y para colmo en tono de condescendiente “maestrilla” de escasas luces, por cierto.

      Opinaré lo que me venga en gana, señora. Nadie le dio vela en este entierro, además.

      No le contesto como se merece por respeto a este espacio.

      No se moleste en responderme ya. No voy a alimentar más su monjil ego justiciero de salón. Ni leeré más las beatas tonterías que arguya usted para pavonearse a mi costa. Su impostado tono resabido me da grima, “maestrilla Siruela”. No soporto a los hipócritas que juzgan sibilinamente a los demás sin conocerles, y luego se dan baños de pureza.

      Yo mismo soy tan “soberbio” y tan “impuro” que me descontrolo a veces, y no quiero terminar matando al gato.


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    4. No necesito vela, señor, como veo que usted tampoco. Y opina como le viene en gana, lo mismo que yo. ¿Es, acaso, usted el que autoriza y da el visto bueno a la publicación? Y a usted, ¿se le pidió opinión o entró libremente en este espacio? Usted es una persona con altísimo copete de soberbio, cuán a la vista está, que gusta de dar cátedra. No me conoce, no tiene idea de quién soy y tampoco me interesa que lo sepa. ¿Quién es el que se mete acá a corrector de lo que otros escriben? Vuelva a su comienzo, supra, y lo comprobará. No me interesa su respuesta; no hablo con necios pues con los necios no se puede dialogar. Recurren rápidamente al insulto y a intentar menospreciar toda opinión que no concuerde con la suya. Preste atención en su lenguaje y se verá quién hace el papel de "maestrillo"
      Laura

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    5. Oiga, Laura... Dice usted que Bonifacio Álvarez es soberbio y que imparte cátedra. Dicho así pareciera que este buen hombre tiene algún motivo para esos excesos. Y no es el caso: escribe bastante deficientemente y resulta empalagoso. A mí me pone de los nervios.

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    6. Siruelo, creo sí que es soberbia meterse a dar consejos sobre cómo redactar. Cada uno escribe como quiere y puede, tal como veo que en este espacio de libertad así se hace. Se opondrá uno a determinados datos históricos (errados o no), con ideas políticas y razonamientos con los cuales puede uno no estar de acuerdo y para eso está la democracia, pero escribir " tanto arcaismo aliterado... " es un acto de soberbia porque se mete directamente con el estilo del autor..
      ¿Será cuestión de entrarle a lo que don Bonifacio escribe, y diseccionar cada frase, cada estructura sintáctica y los recursos estilísticos y aconsejarle, nomás para que mejore su redacción? Es ampuloso y diría, soporífero.
      Laura

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  5. No conozco a nadie que haga más exámenes de conciencia de lo que ha sido su vida y sobre todo de lo que no ha sido, que usted. Si se reunieran en un volumen todos los publicados en este blog resultaría un extraño libro.

    ¿Qué significa tanta pregunta sobre si se ha triunfado o fracasado en la vida? ¿Si se ha tenido una vida interesante o no? ¿Si ha tenido sentido la vida vivida o no?

    Para el ateo esas preguntas deberían ser inútiles. El ateo debería, como los adeptos del Zen, vivir en el instante únicamente, en el aquí y el ahora. El hecho de que esas preguntas, esas dudas, surjan tanto muestra que el inconsciente, como decía creo que Jung, nunca es ateo, que él sabe que la muerte no acaba nada, que la vida no es más que una etapa.

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    1. Qué curiosa manera de razonar, Paseante. Vivir es ir tomando decisiones, seguir un camino es dejar atrás otros. Nada más humano que preguntarse si esas decisiones fueron las correctas. Ahora resulta que para hacérselas hay que creer en Dios. Que los ateos no pueden pensar si hicieron bien o no en aceptar este trabajo en lugar de aquel otro. Nunca deja de sorprenderme la manera de razonar de los que no se atreven a decir su nombre.
      ¿La muerte no acaba nada? Acaba nuestra vida personal, pero no la vida de la fama, como bien sabía Manrique, ni la repercusión de la obra. Borges para mí sigue siendo Borges, como cuando vivía. A mí me gustaría seguir siendo el que soy para algunos lectores. ¿Implica eso que no pueda ser ateo? Tanto como que no pueda ser vegetariano, me parece.

      JLGM

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    2. Pero preguntarse "si esas decisiones fueron las correctas" ¿para qué? Es absurdo perder el tiempo haciéndolo. Los exámenes de conciencia sólo tienen sentido en los creyentes. Como el hecho de querer pasar a la posteridad.

      Lo que quiero decirle es que usted no es ateo o no lo es más que con una parte de su cerebro. Con el resto es creyente. Su inconsciente sabe que pertenece a una Totalidad y que sobre este planeta está viviendo sólo una etapa de su existencia.

      Y su inconsciente es mucho más poderoso que su razón. Lo que dicen sus palabras es mucho menos importante que lo que dicen sus hechos. Los hechos que usted cuenta aquí cada semana contradicen las creencias que usted expresa con palabras.

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    3. Este "Paseante", ¿no será el mismo pertinaz comentarista que ha cambiado de nombre o de antifaz? Sigue con la terquedad y con la incapacidad para el pensamiento lógico. "Los exámenes de conciencia solo tienen sentido en los creyentes", qué cosas. Y las autocríticas en los paises comunistas. Uno examina su vida para ver en qué se ha equivocado para tratar de corregirlo o mejorar. Y ahora resulta que yo no soy ateo porque me gustaría escribir poemas que duraran tanto como la Iliada o los sonetos de Lope. Qué cosas. Ya está claro lo que piensa el Paseante. Ahora le toca callarse. ¡Hace falta valor para tratar de demostrarme, tras leer (o mal leer) unas páginas escritas por mí que yo creo en Dios, aunque no lo sepa!

      JLGM

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    4. "La religión es un síntoma. Todo el mundo es religioso, incluso los ateos. Creen suficientemente en Dios para creer que Dios no está ahí cuando están enfermos. El ateísmo, es la enfermedad de la creencia en Dios, creencia de que Dios no interviene en el mundo. Dios interviene todo el tiempo..."
      (Jacques Lacan)

      "El ateo moderno cree saber que Dios está muerto; lo que no sabe es que, inconscientemente, sigue creyendo en Dios. La modernidad ya no se caracteriza por la típica figura del creyente que abriga secretamente dudas sobre sus creencias y se pone a fantasear con transgredirlas; por el contrario, en nuestra época el sujeto aparece como un hedonista tolerante que sólo busca el placer, cuyo inconsciente es ahora el lugar de la prohibición: hoy, lo reprimido no son los placeres o los deseos ilícitos, sino la prohibición como tal. "Si Dios no existe, entonces todo está prohibido" significa que cuando más me percibo como un ateo, más gobernado está mi inconsciente por prohibiciones que obstaculizan mi goce. (No hay que dejar de suplementar esta tesis con su contraria: si Dios existe, entonces todo está permitido. ¿No es ésta la definición más exacta del problema del fundamentalismo religioso? Para el fundamentalista, Dios indudablemente existe, y como se considera su instrumento, puede hacer lo que le plazca: sus actos están redimidos de antemano, puesto que son expresión de la voluntad divina)."
      (Slavoj Zizek)

      Saludos desde Argentina.

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    5. No hay tontería que no encuentre un argumento de autoridad para refrendarla. Pero esas "autoridades" hablan de vagas generalidades, yo hablo de mí y me parece que, en ese campo, tengo bastante más autoridad que ellos.
      Por cierto, lo de Lacan no tiene desperdicio. suponemos que habrá estudiado exhaustivamente a los ateos cuando enferman para llegar a afirmar que entonces creen "que Dios no está ahí". Pues yo le digo que los ha estudiado mal. Menudos ateos esos que piensan que Dios está ahí cuando están sanos y no está cuando enferman.
      Estimado Paseante: analice sus afirmaciones, busque fundamentos lógicos y datos adecuados para sus razonamientos, no citas que parezcan confirmarlos. Ese no es un método intelectualmente válido.Y no supuesto no haga juicios de valor o sobre las creencias de personas a las que conoce poco, o no conoce en absoluto.

      JLGM

      JLGM

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    6. La petulancia y desfachatez de los Lacanes estos no tiene nombre: ponen en evidencia constante que la psicología y la psquiatría distan mucho de ser ciencias exactas, fiables...
      Porque pretender saber más que uno sobre lo que cree o deja de creer ya es pasarse en lo pretencioso. Claro que los de esta escuela siempre recurren a la treta de que lo manifiesto no es más que un brote adulterado de lo que realmente burbujea en el subconsciente. Así que el odio cordial que sentimos hacia esa suegra que nos hace la vida imposible no es más que aparente, porque lo que en nuestro fuero interno deseamos es acostarnos con ella y echar a la calle a la hija. Si lo sabrán los lacanianos y los paseantes...
      Pues si de alguna cosa estoy seguro es de mi ateísmo radical (furibundo que diría Churruca), sin la menor fisura ni reserva. Y cuando el achuchón de la pasada gripe, en medio del delirio por la fiebre altísima, solo soñaba con odaliscas y mujeres de vida licenciosa, cuyos golpes de cadera casi me sacaban de la cama. Pero lo que es ese Dios lacaniano y paseante..., no me ocupó ni un segundo.
      A otro perro con ese hueso, torquemadas.













































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    7. Lo significativo, y que, claro, usted no comenta, es su necesidad constante de hacer exámenes de conciencia públicos sobre lo que no ha sido su vida y de intentar consolarse mediante lo que ha sido.

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    8. Trato de no tropezar demasiadas veces con la misma piedra y de mejorar en lo posible. De ahí tanto autoanálisis.

      JLGM

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  6. No deja de tener gracia lo de "dosis" doctoral. Me he equivocado pero es casi un lapsus freudiano.

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  7. Me parece que al bello Pedro sus queridos conmilitones no le consienten tener un futuro. Forman los socialistas españoles el partido con más traidores en su seno? O es un asunto de derechos y pura democracia y no tiene nada que ver con traiciones?

    Disculpe que aparentemente hable de política. No lo es, sino estrategia militar. Creo que el bello Pedro, como usted, está soñando mucho últimamente con vivir otras vidas.

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  8. Tras leer su introspectiva, jamás imaginé que usted llevase una vida como la que describe tanto en este blog como en alguna entrevistilla (por su duración, no su contenido; no me vaya a malinterpretar) con la que me he topado por internet.

    ¿Cual es, bajo su punto de vista, su punto de equilibrio? ¿Qué es lo que usted considera necesario tener para llevar una vida feliz?

    Como voz de mi generación, déjeme decirle que nos han criado como individuos que nacen y crecen (En su sentido mas literal) tratando de suplir carencias, carencias insólitas hasta el momento. Carencias que probablemente no podamos satisfacer en nuestra vida y que tendremos que resignarnos y tachar de nuestra lista. Nos dijeron que teníamos el mundo a nuestro alcance y nos cerraron las puertas, ahora la mayor parte de mi generación ,se adormece en una cálida habitación en la que no conviene abrir ninguna ventana y asomarse fuera, no vaya a ser que aun no estemos preparados para ese frío.

    A cualquiera de mis compañeros la lectura de su estilo de vida le parecería aburrida y 'triste' por decirlo de alguna manera.
    Quizás el problema sea que nos han dispuesto para envejecer desde que nacemos, pero solo el tiempo, la lectura y la experiencia nos pueden conferir las herramientas suficientes para medrar como personas.

    Un cordial saludo.


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    1. Bueno, alumno (¿de quién?), hablar de "mi generación" sin añadir ninguna precisión no es decir nada. Y presentarse como voz de una generación resulta un tanto atrevido. Habría que preguntarle a sus compañeros lo que les parece mi vida. No sé si es aburrida. Pero se parece bastante a la que quiero llevar. A muchos les gustaría poder decir lo mismo.

      JLGM

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  9. https://youtu.be/oZ0m4Tv-yPo

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    1. Son más jóvenes = Repiten errores

      El Reino Unido ya ha dicho que no quiere saber nada de esta Europa de gorrones, que prefiere al simpático Trump (y hace muy bien).

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    2. Demasiado graves esos errores, Miranda, para achacarlos a la loca juventud. Las ojos anegados en lágrimas de esa anciana socialista debieran abrir los de algunos otros que aún se resisten a ver.

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  10. Como todo lo que hace furor en un momento histórico, el psicoanálisis (como el marxismo) se enredó en la pretensión de querer explicarlo todo bajo su paraguas. Incluso lo que está "lloviendo" fuera.

    No obstante, la conciencia humana es mucho más compleja (y oscura, a ratos) de lo que el omnímodo racionalismo que vivimos hoy pretende. Irónicamente irracional éste en el fondo, en la empobrecedora euforia de su triunfo.

    Y llamo empobrecedora a dicha euforia, ojo, no al racionalismo en sí. La irracionalidad (si se desata) es lo peor de todo. Pero controlada, es un sano oxígeno creativo. Neutralizado hoy día por desgracia, en el arte y fuera de él (no entro en los motivos, sería largo)

    Ahora bien: de ahí a postular que alguien es “creyente en el fondo” porque se hace preguntas trascendentes, va un abismo mayor que el de la misma conciencia, que sí tiene recovecos. Y los tiene sin necesidad alguna de que existan dioses para ello, por cierto, ese es el error de los creyentes. Incluidos los catecúmenos del psicoanálisis, que degeneró pronto en religión laica (y se nota).

    En el caso del (muy racionalista) señor Martín, sospecho (y que me corrija él, si me equivoco) que no hay ninguna “épica” lucha en sus adentros.

    Más bien parece que está muy satisfecho consigo mismo y con su vida, y hace bien. Como mucho (y así lo ha expresado él mismo alguna vez) le frustra que no todos los demás tengan esa doble suerte.

    Un buen baño de amor propio, por cierto (al contrario que un viaje) es gratuito. Y a algunos no les vendría nada mal, para no obcecarse tanto con lo que los demás hacen o sienten.

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    1. ¡Me lo has quitado de la boca!

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